Esterilidad es la incapacidad de concebir e infertilidad es la incapacidad de finalizar la gestación con un niño sano, y afecta al 15% de las parejas. La infertilidad es la incapacidad de llevar un embarazo a término y se relaciona, por tanto, con los abortos. En ambos casos, se considera que el problema debe tener una duración mínima de al menos un año con relaciones sexuales sin anticoncepción. En cualquier caso, por analogía con el inglés, infertilidad y esterilidad en la práctica se usan como sinónimos.

Clásicamente, se dice que un 30% de los casos se deben a factor masculino, un 30% a factor femenino, 20-25% a factor mixto y el 15-20% es de causa desconocida. Sin embargo, sólo un 20-25% de los seminogramas que analizamos son normales. Por otra parte, aproximadamente el 75% de las pacientes que vemos presentan un factor ovocitario. El óvulo es un factor muy importante y limitante en los Tratamientos de Reproducción Asistida. El número de espermatozoides es muy superior y se pueden seleccionar con distintas técnicas. Además, un buen óvulo de una mujer joven puede reparar algunas alteraciones espermáticas.

En la literatura se describe que el factor de esterilidad femenina más frecuente es el tuboovárico seguido del ovocitario. Sin embargo, en nuestro medio probablemente sea más frecuente el ovocitario. La media de edad de nuestras pacientes es de 38 años y hay que tener en cuenta que la reserva ovárica disminuye exponencialmente a partir de los 35 años. En otros países la obstrucción de las trompas por procesos inflamatorios como la Chlamydia e incluso la tuberculosis siguen siendo muy frecuentes.

La alteración de la cantidad y calidad de los espermatozoides es la causa más frecuente de infertilidad masculina. Parece que en el mundo occidental la calidad espermática ha empeorado significativamente en los últimos 50 años.

Para estudiar porque una pareja no logra concebir necesitamos:

    1. Consulta de ginecología donde se investiguen factores y enfermedades que puedan intervenir en la capacidad de gestar.
    2. Ecografía ginecológica en la que se valoren útero y ovarios. Se descarten miomas, pólipos u otras patologías que puedan dificultar la implantación. Con la ecografía se puede, así mismo, valorar la reserva ovárica de la mujer, es decir, la capacidad de producir óvulos que tiene y durante cuanto tiempo más va a ser fértil. Esto se hace midiendo el volumen de los ovários pero sobre todo contando el número de folículos antrales que hay en cada ovario.
    3. Análisis hormonal en el tercer día del ciclo: FSH, LH y estradiol nos orientan sobre la reserva ovárica de la mujer y sobre determinadas alteraciones de la ovulación. La prolactina y TSH elevadas también pueden dificultar la ovulación.
    4. Sin embargo el parámetro hormonal con mayor valor predictivo de reserva ovárica es sin duda la Hormona Antimullerina
    5. Es necesario valorar en recuento, la morfología y la movilidad de los espermatozoides y como quedan después de centrifugarlos. Esto se valora mediante un seminograma y un REM.
    6. En los casos en los que estós parámetros está razonablemente bien se estudia la permeabilidad tubárica mediante una técnica radiológica llamada histerosalpingografía.
    7. Con esta información suele ser suficiente para asesorar a las parejas sobre los pasos a seguir para poder ser padres.